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Galardón para colaboradora de VINTÉN EDITOR
IDA VITALE: galardón internacional
 | Ida Vitale acaba de ser galardonada con el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.
Ida es reconocida en nuestro país como una de las principales voces de la generación del 45, al tiempo que muy apreciada por su obra crítica. Es autora de libros como "La luz de esta memoria", "Palabra dada", "Cada uno en su noche", "Paso a paso", "Oidor andante" y "Jardines imaginarios".
Vivió exiliada en México, entre 1974 y 1984, en medio de la dictadura militar. |
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NOVEDAD
Papeles de un poseído | (Obras — Tomo V) de Julio Inverso |
 | 124 páginas, formato 105 x 185 mm Montevideo, Agosto de 2009
ISBN 978-9974-8102-2-6-6
Dice Damián Ibarguren en el prólogo:
“Julio Inverso, comprometido, obligado por la inspiración creadora nos dejó unos cuantos libros, a modo de portulano, con la ruta hacia un tesoro, en una isla que cambia constantemente con las mareas y los huracanes del ego, de las envidias y de las miserias humanas. Allí, en esa «ínsula», donde la furia del viento brama, nos quedaremos con los papeles de Inverso, reflexionando y murmurando «pucha, esto de la creación no era inocente ni sencilla, acá hay que embarrarse, llenarse las manos de mierda para poder, con suerte, encontrar un diamante que además, y para colmo, sólo uno mismo puede ver...» así de |
sólo uno mismo puede ver...» así de cruel es la creación. ... Este quinto tomo de las Obras del escritor y poeta, que contiene exclusivamente «Papeles de un poseído», nos muestra la maestría, su talento, al punto que será imposible para el más lego pasarla por alto.
La autobiografía está planteada en tres etapas. La primera, que por momentos convoca a llorar de risa, y que da «nervios de estómago», hace sudar las manos, está narrado de una forma casi casi paternal. Luego, el inminente como inesperado advenimiento de Guille, el vacío, la angustia de tener todo al alcance de la mano y de perderlo, y finalmente el abismo inmisericorde del descarrilamiento, el calidoscopio errático del mundo, convertido ahora en refugio de una verdad tan cruel, como es su melancolía visceral, que sólo la poesía puede apaciguar.” |
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Poesía contemporánea
En idiomas cantan diferentes"En idïomas cantan diferentes": Notas sobre poesía contemporánea de Alberto Villanueva. Montevideo, Junio de 2009.
ISBN 978-9974-8102-5-9 184 páginas Ilustración de tapa: Damián Ibarguren
Alberto Villanueva ha nacido en Uruguay, vive desde 1992 en los EE.UU. y actualmente es profesor de literatura hispanoamericana en University of Central Florida. Ha publicado ensayos sobre poetas contemporáneos en Iberoromania (Max Niemeyer Verlag, Tübingen), Visor Libros (Madrid), Cuadernos Americanos (UNAM, México), Texto Crítico (Universidad |  |
Veracruzana, Xalapa), Espéculo. Revista de estudios literarios (Universidad Complutense de Madrid), Río de la Plata: Culturas (París), Cuadernos de Marcha (Montevideo), Hispamérica. Revista de literatura (University of Maryland), The Romanic Review (Columbia University), Hipertexto (The University of Texas), Revista Iberoamericana (University of Pittsburgh), Hispanófila (The University of North Carolina at Chapel Hill), próximamente en Bulletin of Hispanic Studies (University of Liverpool), y el libro Alberto Girri en el presente poético, Ediciones Hispamérica, Maryland, 2003. También ha publicado libros de poemas: Escribo pájaro, Vintén Editor, Montevideo, 2008, (+) Poemas pragmáticos, Ediciones Hispamérica, Maryland, 2005, (17) Poemas pragmáticos, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2001, De la ralea de la voz (1988/1996), Vintén Editor, Montevideo, 1998, Mínima natural distancia, Vintén Editor, Montevideo, 1990, Haikú, Ediciones del Mirador, Montevideo, 1989 y Vacilación sostenida, Ediciones del Mirador, Montevideo, 1987. _____________________
Con la cita de la Soledad Segunda de Luis de Góngora "y las confusamente acordes aves, / entre las verdes roscas de las yedras, / muchas eran, y muchas veces nueve / aladas musas, que, de pluma leve / engañada su culta lira corva, / metros inciertos sí, pero süaves, / en idïomas cantan diferentes," Alberto Villanueva nos introduce en la constelación poética que habrá de examinar, integrada por las/los poetas Ida Vitale, Dulce María Loynaz, Alberto Girri, Enrique Fierro, Eduardo Mitre, Enrique Lihn y Giovanni Quessep.
Es indudable que la literatura, lenguaje artístico portador de ética y política, para una inmensa mayoría de la sociedad y sus medios de comunicación carece de importancia como parte de un mínimo equipaje de ciudadano. Curioso observador de toda producción poética, advierto esta situación que, además, se difunde con impertinencia desde los propios órganos que han tenido por asunto la circulación de unos valores literarios, encubierta bajo un interés aguzado en la retórica de las teorías, y sus adyacencias culturales y políticas del momento. O sea, un acento en la interpretación, nunca en la poética, porque es lo que a fin de cuentas mejor conviene a una sociedad global, regida por el signo exclusivo de las leyes del mercado. Es preciso sin embargo insistir porque se siguen escribiendo poemas de calidad, inteligentes, apelantes a una relación consciente con su propia materialidad —el componente ético observado por Baudelaire— como labor en multiplicidad de cruces. Insistencia, entonces, en continuar la propuesta poética siempre cambiando de vía para evitar el cliché, a pesar de que el poema por su misma exigencia referencial (interna y externa) no se presta, salvo contadas excepciones, a la popularidad (aunque parecería que ésta le acaece al autor por circunstancias más propias de su biografía que del poema). Y cruce, siguiendo esta selección aproximada y muy conveniente del diccionario María Moliner, como encrucijada, nudo, palca (del quechua "palqa" o "pallqa" [que] en Bolivia es cruce o encuentro de dos ríos o de dos caminos; bifurcación de una rama), paso a nivel, pical, trivio, interferencia en las comunicaciones, cruzamiento e híbrido resultante, combinación de palabras para formar otra. Concebido y captado así, que el poema asuma una individualidad de modo tal dentro del lenguaje, que alcance a cifrarse como escribe Enrique Lihn, en el "El escupitajo en la escudilla": "[m]ientras yo, a fuerza de desvivirme, quizás llegue, pero nadie me lo asegura, a sacar de pronto, en lugar de la lengua, la palabra lengua" ... |
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De reciente aparición
| Pequeños crímenes cotidianos |
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Sebastián Rivero publicó los libros de poesía "Cuerpo y sombra de la voz" (Revista U, 2003) y "La Cárcel del Silencio" (Artefato, 2005). Acerca de este último expresó Alfredo Fressia: "Rivero toma de los simbolistas la idea del "laberinto" textual y la "galería de espejos" donde el hombre crea y es creado por la palabra, y elige "lo oculto, lo entrevisto", "lo obvio, no". Esa podría ser la consigna general de la poesía de Rivero: la negación de "lo obvio" y la construcción de un tenso tejido lírico alrededor del secreto. Porque aquí hay siempre un relato implícito, pero que es sistemáticamente escamoteado al lector, como si toda revelación condujera a la prosa." ISBN 978-9974-8102-3-5 |
La frontera
Nuevo libro de Duilio Luraschi que marca una inflexión en su narrativa, que arrancando de la fantasía más desopilante de su obra primera, culmina en esta pequeña colección, en un universo que bordea la locura y desafía la doble moral de la vida cotidiana como surge convincentemente en el primer cuento "La avícola".
80 páginas, formato 110 x 140 milímetros, encuadernación rústica.
ISBN 978-9974-8102-4-2
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Nuevo tomo
· Animal doctrina · Franz Kafka: La invención insoportable (Colecticia) · Milibares de la tormenta · Cielo genital
ISBN 978-9974-7961-9-5 112 páginas
Dice Hugo García Robles en su nota "Arte poética" en diferentes cálices: "La obra de Julio Inverso sorprende por varias razones. En primer lugar, la múltiple vía a la que recurre en sus libros, diversidad que resulta esencial, no un mero recurso estilístico. Parecería que la personalidad del autor puede revestir, de modo espontáneo, una variada manera de expresarse." Ver artículo completo aquí | |
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Edición electrónica
Bernardo Safones:
Poemas para mujeres rotas y otros abismos |
 | Nace en Montevideo, 1971, poeta y narrador, se desempeña como trabajador independiente y actualmente cursa estudios en la Facultad de Psicología (UDELAR).
Obra publicada: 1991, poemas en el libro cooperativo "Bajo un techo de versos"; 1994, "Versos de ausencia y cuatro perlas para no morir"; 2002, participa en la antología de poesía erótica y amatoria "Letras derramadas".
Safones integró además la revista Viajero de Piedra Muerta.
Colaboró en revistas alternativas como Mole-Q-lar, Beso Brujo, Fuego del fin y Mundo In-Mundo de Argentina, entre otras. |
También lo hizo en la revista cultural Graffiti y en 2006 integró el grupo de poesía Seis50, donde publicó las plaquetas "Hay mujeres muertas en mi cama y "La poesía es una puta de lujo".
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Antología poética
Patricia Díaz Garbarino | ALFONSINA STORNI Antología poética |
Nacida en Colonia del Sacramento, ha publicado artículos y poemas en medios de prensa nacionales. Desde 1998 colabora en el suplemento "La República de las Mujeres" ("La República"- Montevideo). Coordinadora del Grupo "Alfonsina Storni" de Colonia, ha brindado diversas conferencias en el país y en Argentina sobre la conocida escritora.
Coordinadora de Talleres Literarios en el Departamento de Colonia y en Montevideo. Ha sido miembro de jurados en concursos literarios departamentales. Integra el consejo editorial de la revista "U", revista cultural del Departamento de Colonia.
Ha recibido menciones en diversos concursos literarios en Argentina.
Su obra poética figura en las siguientes publicaciones: |  |
"1a. Colección de Autores Contemporáneos", Embajadas de las Argentina, 1995; "Polifonía", Tradinco S.A., Montevideo, 1997 (Libro del Taller Literario de S. Lago y J. Arbeleche); "Letras Uruguayas II", Bianchi Editores, Montevideo, 1998; Antología de la poesía colonienese, Colonia del Sacramento 2000; Antología en homenaje a Alfonsina Storni (Mención de Honor), Rosario de Santa Fe, Argentina, 2003, enre otros.
Ha publicado trabajos académicos, en el marco de investigaciones realizadas en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación - Universidad de la República, asåi como ponencias en la Universidad de Buenos Aires, La Plata, Rosario, Salta.
ISBN 978-9974-8102-0-4 |
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Prosa poética
Julio Inverso
AGUA SALVAJE Y LOS FURIOSOS PÉTALOS DE LA MUERTE |
 | Dice Federico Rivero:
"Agua Salvaje y Los furiosos pétalos de la muerte" comparten en común la prosa, específicamente la prosa poética. En el primer poemario se aprecia un heterogénea variedad de temas y asuntos; aparece una galería de personajes históricos relacionados a la cultura y a la politica: Trotski, Hölderlin, Brahms y otros. La saga de las brujas azules en el primer libro nace de un sueño, así lo afirmó el autor, y se relaciona con el mito que aparecerá constantemente en la poesía de Julio Inverso.
El mito es uno de los elementos más significativos de la poesía romántica y que en la obra de Inverso aparece continuamente, lo cual puede confirmarse en la visión del poeta Luis Bravo quien afirma que Inverso es un poeta lírico. El mito puede ser considerado como una serie de gestos mágicos realizados por el creador sin conocer claramente su significación pero con la firme creencia de que esos ritos son elementos de una hechicería soberana. "Mary (..) rodeada |
de las velas de luzbel, juega sus fichas en el lavabo"; y la saga de las brujas azules entre otros. Junto a este aparece otro elemento típico del Romanticismo que es el tópico de la poesía: "strugatskii es un poeta, yo leo el relato de sus sueños todos los días", o bien, "Liza entró en el paisaje como un presentimiento y yo la fui aceptando de a poco. Se metía en mis poemas, buscando mis caricias más inspiradas".
El poeta es un vidente, un visionario; llega a lo desconocido. La poesía es lo real absoluto, su verdad es superior a la verdad histórica. |
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Dos historias, dos vidas, dos sinos paralelos
La cajita de Doña Asuntina
 | Dice María Lourdes Busakr Piccini:
"Nací en Montevideo en el año de las grandes inundaciones. De chica imitaba a Rita Pavone y juntaba piedrita en cajas de zapatos, esperando que con los años se transformaran en montañas. A mediana edad fui payasa, titiritera y maestra de preescolares."
De grande se hizo educadora social y profesora de geografía.
Con mochila al hombro recorrió parte del mundo.
Espera concluir la vuelta cuando se jubile, recogiendo testimonios de trashumantes.
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Cuento para niños
EL GALLITO PERICO
Cuento para niños de Adolfo Montiel Ballesteros con dibujos de Jonio Montiel: un conjunto de 14 grabados impresos por él mismo en forma artesanal.
Primer Premio Nacional, Medalla de Plata en 1965.
Formato: 58,5 X 38,5 cm.
ISBN 9974-570-37-9
Adolfo Montiel Ballesteros (1888-1971). Narrador, poeta, fabulista, volcado al folklore y el humor criollo y autóctono, es autor de una extensa obra literaria. | |
Jonio Montiel (1924-1986) hijo del antedicho. Artista de gran vuelo, fue pintor, grabador, dibujante, muralista, escultor y ceramista, todo ello con gran fuerza y originalidad. En una etapa de su vida integró el Taller Torres García.
Ver los 14 grabados aquí Descargar en formato portátil la edición de difusión cultural aquí
DISTRIBUYE VINTÉN EDITOR. Por más información utilizar los recursos de comunicación del portal. |
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De reciente aparición
Dolores Meijueiro:  |
Nacida en Montevideo, 1964, publica en el 2001 "Jirones" con el cual obtuviera el 3er. premio en el MEC en la categoría NARRATIVA.
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En los concursos denominados "Bolboreta" convocados por la Xunta de Galicia obtuvo el 2do. premio por "VOCES DE TIERRA Y MAR" (Dic. 2000) y un 3er. premio por "BEGOÑA, LA MUJER DE SU CASA" (Dic. 2001).
Participó en el taller lierario de Milton Schinca.
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| Ver aquí las palabras leídas por el Profesor de literatura Edilson Teixeira en ocasión de la presentación del libro en la Biblioteca Nacional . |
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DOS SONETOS INÉDITOS
Pablo Neruda: "FRASCOS ROJOS EN MALDONADO"
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ISBN 9974-7961-1-3 Abril 2006
Dice el editor:
(...) "El propósito inicial fue publicar los sonetos de Neruda con una breve noticia de circunstancias y fecha, aclarando que los sonetos no integrarían ninguna obra de aquél y no tenían otro objeto que salirse del rigor de la etiqueta literaria para ingresar en el de la broma y el festejo, alejados de toda formalidad.
"Para aquellos que tengan una visión parcial de la vida del poeta, contemplar la letra de su puño permite vilsumbrar la desproporción existente entre las alturas en que ha rayado el mismo y una caligrafía infantil como de adorno o fantasía, donde luce significativamente agrandada la virgulilla de la eñe, como si al placer de escribir se sumara el de dibujar." (...)
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SEGUNDA EDICIÓN
Duilio Luraschi: "PROVIDENCIAS"
ISBN 9974 - 570 - 89 - 1 Marzo de 2004
Dice Juan E. Fernández:
"...cuarto libro de Duilio Luraschi, narrador atípico, contundente y climático."Providencias" es sin lugar a dudas, su libro más parejo y maduro y en donde revela mejor su maestría en el cuento corto y ultracorto, apostando todo en relatos breves, de efecto, con remates que resignifican elementos desarrollados... Luraschi no pulsa una sola cuerda sino que despliega una gran diversidad temática y estética. Hay relatos kafkianos con cierto sabor nacional cpmp LA FILA... o PROVIDENCIAS, uno de los mejores relatos ultracortos de buroficción que se ha escrito en Uruguay". |  |
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NOVEDADES
Federico Rivero Scarani: "SYNTERESIS PERDIDA"
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ISBN 9974 - 570 - 98 - 0 Setiembre de 2005
Dice el docente y crítico literario Gerardo Ciancio:
"Federico Rivero pertenece a la "Generación M (marginal) la cual incluye a los jóvenes poetas que comenzaron a publicar sus obras hacia finales del siglo XX en Uruguay" |
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NOVEDADES
Elías Biescas Palacio: "MEMORIAS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA"
ISBN 9974 - 570 - 95 - 6 Marzo de 2005
Dice Elías Biescas Palacio:
"Estos hechos acaecidos hace ya mucho tiempo, fueron vividos con mucha intensidad. Han pasado muchísimos años desde entonces y escribo estas memorias en 2003. Tengo 88 años, o sea que muchas de las vicisitudes no las puedo precisar con exactitud, pero sí afirmo que todo lo que aquí explico es verdad. Es posible que alguien que haya vivido, como yo, estos momentos, tenga alguna o mucha cosa que agregar a lo mío, pero seguro que recordará también muchas de las que yo escribo". (...) |  |
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NOVEDADES
Karmar Dibrán: "EL PAIS DE LAS MUJERES"
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ISBN 9974 - 570 - 96 - 4 Junio 2005
Dice Karmar Dibrán:
"Estas son las historias de Karmar Dibrán, poeta nacido en la Anatolia, Turquía, en 1937, entre casas de paredes enjalbegadas, donde era más fácil morir que vivir.
Viejo gladiador que luce con altivez sus cicatrices, ganadas ente un enemigo que nunca pidió ni dio cuartel.
Sobreviviente, las narra entre demonios y amazonas, que exorcizan la muerte para poseer y saborear sus cenizas". |
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NOVEDADES
Julio Inverso: "TRAJE DE NOCHE Y OTROS SALMOS PARA VESTIR LA LUZ"
ISBN 9974 - 7961 - 2 - 1 Mayo 2006
Dice Luis Bravo:
"Cada nuevo libro de Julio Inverso dibuja un trazo más de su personalidad poética a contraluz de la ausencia. Una presencia entre los vestigios titilantes del alucine, una míriada de párpados de cristal que espejan lo que ojos afuera no puede verse.
El ojo de este poeta -lunática red de venillas de sangre que lo sostienen- va y ve al través como un escalpelo, "como un instrumento de exploración." A veces a paso de tren desbocado rasga el caleidoscopio de las visiones, otras es "el ojo enfermo" en plena posmodernidad, deseando para sí lo que "captaron los ángeles antiguos."
(...) |  |
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eskelet escribió "
¡Ay! No quisiera naufragar un día, Entre las ondas de la mar salada. Ya he naufragado, ¡tanta mi osadía! Y entre tus brazos fue mi tumba helada.
Débil recuerdo llega hasta mi mente, de aquel fantasma del amor soñado. Cuánta tristeza siento en el presente, hoy la mentira ya me ha trastornado.
Vana porfía me arrojó en tus brazos. Roto mi ensueño, el corazón herido, y hoy heme aquí, juntando los pedazos.
¿Por qué me encierro en el haber sufrido, con la ilusión deshecha a garrotazos, sin encontrar el tan ansiado olvido?
Alba Rivero
"
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Visitante escribió "
Cierto es que en los primeros tiempos supe ganarme el respeto de crítica y público en general. Mis libros se vendían en apreciable cantidad, lo cual me permitió renunciar a mi trabajo y dedicar todo mi tiempo a la escritura, la cual pude notar, en determinado momento comenzó a volverse predecible. Cada historia que escribía resultaba ser un calco exacto de la anterior. Si bien los relatos nada tenían que ver unos con otros, comúnmente finalizaban éstos con el protagonista muerto, encarcelado, internado en un hospital psiquiátrico, o con cualquier otro final por el estilo. Pero era la estructura del relato la que lo hacía fácilmente predecible. Luego de leído el comienzo y la parte central de la historia, el desenlace era perfectamente deducible, por lo cual el placer que en los primeros tiempos me provocaba escribirlos, fue transformándose primero en una aburrida costumbre, para posteriormente volverse un tedio absoluto e intolerable. Así fue que decidí realizar un cambio radical. Comencé a escribir historias que tuvieran un final feliz, con sus protagonistas contentos y exitosos. Incluso llegué a subirme a uno de los vagones de cola de un tren de moda que pasaba, y escribí historias de hadas, duendes, magos, príncipes y hermosas doncellas. Hube de hacer un enorme esfuerzo, debí buscar material y leer muchísimo para obtener el conocimiento necesario y poder escribir sobre esa amplia gama de seres fantásticos. Pero cuando logré reunir la cantidad suficiente para la publicación de un nuevo libro, me sentí dichoso. No ocurrió lo mismo con la crítica. Dijeron que preferían aquellas historias que relataban sucesos más reales y cuyos finales eran más creíbles, puesto que mayormente reflejaban la realidad de la vida. Creo que un poco al influjo de la crítica el público tuvo idéntica opinión. Las ventas cayeron tan estrepitosamente que el libro fue considerado un rotundo fracaso. Así es que decidí volver a lo mío. He escrito en mi último libro el tipo de historias que tanto habían gustado a crítica y público. Las ventas han vuelto a la normalidad y hasta es posible que logre superar mi propio récord de ventas. Ahora estoy enfrascado en el que será mi nuevo título. Y es precisamente éste que estoy escribiendo en este momento, el relato que cerrará mi nuevo libro. Se ajustará perfectamente a lo que críticos y lectores quieren de mí, y será, sin duda alguna, un suceso en ventas. Y creo que a nadie extrañará el hecho de que tengo un treinta y ocho apoyado en mi cabeza, y estoy a punto de apretar el gatillo.-
Aljamod Canelones Uruguay "
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Poesía: Colaboración: Sonido de barro
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Visitante escribió "
Bajo las cunas fértiles del crepúsculo viene el fuerte golpe del regazo antropológico. Débil cordura del bicéfalo que eructa la rabia, el alimento de las uñas, la erosión sexual, y la hormiga que lleva el bosque en su espalda. Crisantemos cromados de hiel, elixir del faisán que llora la tos que alguna vez existió. - Mi tímpano se divide en siete segundos.- Tengo el tiempo suficiente para escupir algodones, e inyectarme sábila en la oreja, donde llueve la nube de mis poros. El alacrán burla milésimas de veneno mientras mira las galaxias oculares de la araña; y saborea la humedad perpetua del cenote. con el diente rocoso del murciélago. Cuatro segundos quedan en el aguijón y mis cabellos se entierran en el cráneo. Ahora rompo el follaje de la música, extirpo glándulas y hojarascas de mi ceja. El potro salvaje cabalga mi hombro Hasta derretir el paladar de la noche. Tres, dos, uno El día comienza cuando la oscuridad bosteza.
Jorge Manzanilla
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Visitante escribió "
Difícil me sería recordar con exactitud la primera vez que lo vi o el primer recuerdo que tengo de haberlo visto, aunque presumo que por entonces era yo un niño de no más de seis o siete años de edad. Pudo haber sido en un libro o una revista, o quizá en la televisión, que en aquellos tiempos era en blanco y negro y tenía una programación que comenzaba a las seis de la tarde y finalizaba a medianoche, pero lo cierto es que desde ese momento, surgió mi una gran atracción hacia la figura portentosa del León. Su cuerpo grande y musculoso, sus poderosas extremidades, la tupida melena que cubre su cabeza y el magnetismo de sus ojos, lo hacían, ante los míos, un símbolo de fortaleza, poder y temeridad que me deslumbraba. Con los años esa atracción no decayó. Muy por el contrario. Entre mis juegos preferidos se encontraba la colección de animales de plástico que con el tiempo fui agrandando. Osos negros y polares, cebras, lobos, águilas, caballos y vacas, cocodrilos, tigres, ovejas, hipopótamos, elefantes, rinocerontes, gacelas, antílopes, camellos, y por supuesto, leones. Jugaba a que era estanciero. Con palitos cortados con la precisión de un buen carpintero cercaba el campo, en el cual construía, con trozos de madera y cartón, una casa rodeada de árboles, corrales y un pozo cuyo brocal podía ser una tapa de botella de whisky, trazaba caminos para la circulación de los camiones, tractores, jeeps y camionetas que poseía en mi hacienda. También tenía, como era natural, una casa en la ciudad. La ciudad era la vereda de piedra laja que rodeaba el jardín en el cual estaba ubicada la estancia, y las uniones de cemento que servían de unión a las piedras, eran las calles que a su vez, delimitaban las manzanas de la ciudad. Y como en cualquier jardín que se precie de serlo, además de jazmines, rayitos de sol, rosales y claveles, había también yuyos. Bastaban unas cuantas matas de tupidos yuyos para tener la selva en la que colocar a los animales salvajes. Y el rey de la jungla no era otro que el León. Solía hacerle luchar contra el oso negro, el lobo, el rinoceronte y el tigre, e invariablemente el León siempre salía victorioso de la contienda. Cuando veía “Tarzán” en la tele o en las revistas de historietas, el momento más ansiado era aquel en el cual aparecía en escena el león, aunque ahí descubrí que los había buenos y malos. Algunos años más tarde, con la televisión a colores pude apreciar que el león bueno se diferenciaba del malo por la tonalidad de su pelaje: el del león malo era siempre más oscuro que el del bueno. Inversamente proporcional a mi amor hacia el león, era mi odio hacia el tigre, el cual por cierto, era tan poderoso como el león, cuando no más grande, como lamentablemente descubrí un poco más tarde. Curiosamente siempre los vi como el principal enemigo del león, cuando en realidad, la amenaza más grande del león, es ese animal que juzgaba horrible y despreciable, la hiena. Veía en el tigre a un animal malvado, oscuro, un tanto enigmático, tanto que las propias enciclopedias y libros de zoología poco contaban acerca de él. Ni siquiera me gustaba el negro de sus rayas contrastando con el amarillo del resto del pelaje. Claro que esto último se debía exclusivamente al paralelismo que establecía entre el pelaje del tigre y la camiseta de Peñarol, a la cual, a causa de mi afición por la camiseta tricolor, detestaba. Lo cierto era que en la realidad, león y tigre no tenían contacto entre sí, y lo más cerca que llegaban a estar el uno del otro, era en los zoológicos y circos. Estos últimos eran por cierto una gran atracción para mí, y cada vez que alguno arribaba a la ciudad, pedía desesperadamente a mis padres que me llevaran a una función con la más que obvia intención de ver la presentación del domador, ante la cual debo admitir, más de una vez me descubrí en un oscuro y turbio deseo de ver a uno de los felinos atacar al domador que tanto los hostigaba. Otras veces fantaseaba con la idea de que un león escapaba de su jaula, y ante el gran tumulto causado por la muchedumbre que poblaba las plateas y galerías de la gran carpa, huyendo despavoridos en busca de la salida, pisoteándose unos a otros entre los gritos y alaridos de terror provocados por la visión de la gran fiera que se aproximaba tras escapar a la cálida seguridad que para el público eran los barrotes de su jaula, surgía el salvador, el milagroso guardián de la humanidad de los presentes, y en un acto heroico y no menos suicida, se interponía entre la bestia salvaje y la gente. Me acercaba hacia el león, mirándole directamente a los ojos, sin desviar por un segundo su mirada de la mía, tratando de hacerle comprender que no sólo no le temía, sino que le amaba, que era su amigo, y que nada había que temer, que era preferible seguir aguantando la figura pesadillezca del domador y la crueldad de su látigo, que caer bajo el fuego de alguno de los policías que cumplían funciones de seguridad dentro de la gran carpa, seguro destino que llevaría mi desdichado amigo de no aceptar mi protección, mis caricias y palabras dulces. Así, lograba que el pobre animal volviese a su jaula y luego de pasada la conmoción general, la función se reestablecía, ahora con el agregado de un nuevo centro de atención: el salvador, el valiente niño de nueve años que había arriesgado su vida para salvar la vida de los demás. Nunca hubieran sospechado que lo único realmente importante para mí, era salvar al león, mi viejo amigo de mis primeros años de la infancia. Muchas veces me pregunté si lo mejor no hubiera sido dejar que cayera abatido por las balas en lugar de verlo continuar su vida encerrado entre los barrotes de una reducida jaula, dejar que recuperase su libertad, quizá ya pensando en aquel tiempo que morir era algo así como escapar de una prisión, librarse de la opresión que para él significaban el domador y los cuidadores del circo, y para mí por momentos eran mis padres, maestros y cualquier persona mayor que tuviera la costumbre de decirme que era lo mejor para mí, que cosas debía decir y cuales callar. Cuando en cambio, fantaseaba que quien huía era un tigre, mi comportamiento era completamente diferente. Ese hecho ocurría en la calle, no dentro de la carpa del circo. Por las mañana, y mientras el circo permanecía en la ciudad, me escapaba hasta la avenida que corría a dos cuadras de mi casa para ver el desfile de los animales circenses en sus respectivas jaulas. Entonces, en un momento dado un tigre escapada de su jaula causando espanto entre los sorprendidos peatones que solamente atinaban a correr. Mirando sus rostros me deba cuenta que el miedo producido por la fuga del tigre era aun mayor que la producida por la del león. Pero ahí estaba yo, otra vez el salvador, el valiente niño que arriesgaba su vida para salvar la de los demás. Pero otra vez se equivocaban en cuanto a los motivos de mi arriesgada acción. Nada me importaba la vida de las personas que huían despavoridas, salvo la de los niños más pequeños que yo. Lo único que me interesaba era terminar con la vida del malvado tigre. Cuchillo en mano iba a su encuentro, con la mirada desafiante, alerta, preparado ante el inminente ataque del tigre que abriendo sus mortales fauces rugía ferozmente. Y entre saltos y esquivadas, rodaba abrazado a su cuello, clavándole el puñal una y otra vez hasta que caía rendido. Si tenía un mal día y la pelea me era desfavorable, acudía en mi ayuda mi viejo amigo, el león, que escapando también a su jaula, saltaba sobre el desprevenido tigre y terminaba, entre zarpazos y dentelladas, con la vida de mi odiado enemigo. El tiempo siguió pasando, y al crecer, poco a poco fui dejando a un lado mis fantasías de leones y tigres. En plena adolescencia mis fantasías e incluso mis preocupaciones, como las de cualquier otro muchacho de mi edad, eran otras. Y ciertamente eran más importantes e interesantes que la familia de los grandes Félidos. Continué poblando mis mundos - el externo y el interno - con nuevos descubrimientos, hechos, pensamientos, fantasías, deseos, alegrías y tristezas, sin saber bien que sería de mí en el futuro, sin tener claro hacia donde encaminar mis pasos, sin siquiera sospechar que uno apenas puede elegir el rumbo que desea tomar, pero que nunca se sabe si la meta a alcanzar es la que se eligió, eso siempre y cuando se arribe a meta alguna. Siendo ya un joven de más de veinte años, y habiendo abandonado el hogar paterno de la misma manera en que lo hacen los leones jóvenes para procurarse su propia manada, una noche, en ocasión de asistir al cine a ver una película cuyo protagonista era un león, recordé mi antigua afición por el rey de la selva. Claro que, para ese entonces había descubierto unas cuantas cosas acerca de su organización social, la cual, de la misma forma que los hombres, se basa en familias que pueden llegar a ser muy numerosas, y que son dominadas por un macho. Básicamente este se dedica a cuidar de la manada, es un guardián celoso que protege a sus hembras y sus cachorros de cualquier amenaza, principalmente de las temibles hienas, las cuales, a diferencia de los leones, se basan en sociedades matriarcales. Las leonas cuidan de sus cachorros y se dedican a cazar. Cuando la presa, luego de mucho esfuerzo e intentos fallidos, finalmente es atrapada, llega el macho y ahuyentando a las hembras toma la parte principal del botín. ¡Hasta podían llegaban a ser simples carroñeros! Apenas advertían que otro animal, ya fuera una hiena o un guepardo, lograba cazar una presa importante, aparecía el león para arrebatarle la pieza. Pero lo peor de todo, es que pueden llegar al extremo de matar a los cachorros de su propia especie. Cuando el macho dominante es retado por un joven león por la posesión de la manada y es derrotado, este último se encarga de rastrear y asesinar a todos los cachorros jóvenes de la manada, logrando con ello que las hembras entren en período de celo y él asegure su descendencia en la manada. Esas fueron básicamente las razones que me hicieron perder esa admiración que antaño sentía por él. ¡Eso hacía el Rey de la Selva! ¡Cuán engañado estuve durante tanto tiempo! ¡Y cuánto se parecían el León y el Hombre entre si! ¿Era esa la causa por la cual al león se lo consideraba el Rey de la Selva? ¿Lo había denominado así el hombre, el macho de la especia humana, como símbolo de su propio poderío, de su propio dominio dentro de la especie? ¿O era más bien un vano intento de auto convencimiento de una superioridad que en realidad no existe ni existió, pero que le dio resultado durante tantos siglos? Como sea, miraba hacia atrás, hacia mi niñez y mi primera adolescencia y me veía muy lejano de aquello que alguna vez había creído y sentido, me encontraba en las antípodas de aquella admiración, aquella identificación que tenía con la poderosa y atrayente figura del rey de la selva, apartaba cada vez más de mí al león como ejemplo a seguir. Y cuánto más descendía mi atracción hacia la figura del León, más crecía hacia la del Tigre. Este, por el contrario, habita en lo más espeso de la selva, solitario, cazador temido e implacable, dejándose ver en contadas ocasiones. No posee manadas, por lo cual no tiene nada que defender, salvo su territorio de caza. Sólo se aproxima a las hembras en la época de reproducción. Entonces, durante algún tiempo, cazan juntos, se aparean, juegan, beben juntos a la orilla de los ríos y vuelven a aparearse. Después de eso, vuelve a alejarse. Retorna a su vida solitaria, sin más preocupación que la de cazar para sobrevivir. De tanto en tanto, sus ojos, que son como los míos, suelen ser vistos a través de la espesura de la selva.-
Aljamod Uruguay "
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Visitante escribió "
Con el paso lento de quien no tiene prisa alguna por no dirigirse a ningún sitio, o carece de apuro en llegar al lugar al cual no sabe si llegará, o no termina de decidir alejarse del lugar de donde viene (salvo que continuamente estamos dejando atrás algo o alguien), lo vi aproximarse. A una distancia de veinte metros me pareció un hombre de tipo bastante común, pero según fue aproximándose, fui cambiando lentamente de parecer, tan lentamente como el paso que llevaba. Lo primero que distinguí fue una ligera cojera en su pierna derecha, aunque creo que cualquier observador desprevenido no la hubiera notado. Su ropa mucho me llamó la atención, pues teniendo en cuenta que estábamos a finales de la primavera y un calor pesado y húmedo se hacía sentir desde hacía algunos días, llevaba una larga gabardina de color gris oscuro y un sombrero negro de anchas alas que no era suficiente para ocultar un canoso mechón de cabello. Unos pasos más me fueron suficientes para ver el pequeño paquete de color rojo que cargaba en la mano izquierda y el humo que desprendía la colilla del cigarrillo que sostenía entre los dedos de su otra mano. En ese momento mi pensamiento dejó de prestar atención a la figura del hombre que se aproximaba. Fueron unos pocos segundos, pero bastaron para preguntarme acerca de cuál sería mi apariencia en el futuro, y si me vería tan extraño como el extraño hombre que se acercaba, el cual concluí tendría una edad de entre sesenta y sesenta y cinco años. Para cuando volví a reparar en la figura del hombre nos separaba una distancia de cuatro o cinco metros, y a juzgar por el deterioro de su rostro, y, sobre todo, por la expresión cansada de su mirada, pensé que bien podría tener alrededor de ochenta años. Sólo cuando estuvimos frente a frente fue que reparé en la torcida mueca, mitad resignación, mitad ironía, que el pobre viejo lucía en su rostro. En ese momento me aparté levemente de la dirección que llevaba, y, esquivando el espejo, empujé con esfuerzo la puerta y entré en la farmacia.-
Javier Canelones, Uruguay
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eskelet escribió "Eres la tranquilidad que aterra. Deseada libertad esclavizante. Remedio por demás contaminante. Razón de los amores y las guerras. Luz que refulge oscura en la codicia. Albor que trae noche aparejada. Portal que nos traspone a la avaricia. Dejándonos sin luz en la alborada. El gran reposo de la intransigencia. De aquel que te posee y no te tiene. Que a cada instante partes y a conciencia Quien vive por tenerte en ello muere. Eres la paz nerviosa de los miedos, Que sumen al feliz en amargura. La razón mentirosa de los credos. El insano argumento a la cordura. Eres un bien maldito, ¡Y tan preciado! El mejor de los males conocidos. El peor de los bienes conseguidos. Eres odio y amor, mal conjugados.
Alba Rivero "
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Visitante escribió " He tenido la fortuna de viajar por el mundo entero, lo cual me ha sido más que suficiente para sentirme bastante cercano a eso que algunos denominan felicidad. Siendo un joven de poco más de veinte años, y habiéndome quedado solo en el mundo a causa de un accidente que me privó de mis progenitores, luego de unos meses durante los cuales no hice más que encerrarme en una habitación negándome a recibir visita alguna, tomé la determinación de dedicarme a viajar por el mundo. Mis padres eran poseedores de una considerable fortuna - la mayor parte de ella heredada de mis abuelos maternos - la cual estaba conformada, además de una abultada cuenta corriente en el Banco Nacional, por varias propiedades en la ciudad, unos cuantos cientos de hectáreas de campo con varios miles de cabezas de ganado vacuno, un matadero de reses en las afueras de la capital y otros pequeños negocios que fueron adquiriendo, más a modo de pasatiempo que por necesidad. A decir verdad, durante algún tiempo consideré seriamente la idea de hacerme cargo de todos los negocios que me legaron, pero afortunadamente, prevaleció la razón. Hacer de mi vida una continuación de la que llevaron mis padres no era algo que me sedujera en lo más mínimo. A pesar de su elevada posición social y económica, mis padres no eran más que esclavos de sus propiedades, a la cuales les dedicaban una exagerada cantidad de horas cada día de la semana, tarea que por supuesto, iba en detrimento de mis propias necesidades, de, para colmo, hijo único. Debo reconocer sin embargo, que aun no habiéndome dedicado más horas de su tiempo, lo cual creía - y hasta el día de hoy creo - me correspondían, sí se preocuparon grandemente por mi educación, por lo cual fui enviado al mejor instituto de enseñanza del país. También consideraron necesario que cursara estudios de idiomas, cosa que hice, debo admitir que con agrado, pues fue algo que desde muy pequeño llamó mi atención. A pesar de que mi padre insistía en que lo más conveniente para mi futuro era que realizara mis estudios en el campo de las ciencias, y preferentemente en el área de las matemáticas, pues según él todos los hechos de nuestras vidas estaban signados por los números, primó el deseo de mi madre, quien siempre me animó a dirigir mis pasos a través de las letras y el arte, cosa que con placer hice. Habiendo transcurrido mi niñez y mi adolescencia rodeado de toda clase de lujos, los que más disfrutaba eran sin embargo la enorme biblioteca de más de dos mil volúmenes que mi madre había heredado de su padre, y que ella se había encargado convenientemente de ampliar y actualizar, y las réplicas de conocidas obras de arte que le daban vida a la casa en que vivía. Había treinta y tres cuadros cuidadosamente distribuidos, principalmente en la biblioteca, la sala de estar y el recibidor. Recuerdo los domingos por la mañana, único día de la semana en me encontraba libre de mis deberes y obligaciones de estudiante, en los cuales me dedicaba a contemplar largamente mis pinturas preferidas. Es desde entonces que arrastro conmigo la manía de alinear correctamente cada cuadro que veo levemente inclinado hacia uno u otro lado. Una calurosa mañana de fines de agosto, un jueves, lo recuerdo perfectamente, tomé la decisión de vender todas las propiedades que había heredado y largarme a recorrer el mundo. De esa forma podría, entre otras cosas, visitar todos los museos que me fuera posible y conocer los originales de las reproducciones que tanto deleite me habían provocado. Apenas iniciado mi largo periplo, el que me llevó a recorrer durante casi veinte años, buena parte de los países del mundo entero, comprendí la importancia de haberle puesto tanta dedicación al estudio de idiomas como el francés y el inglés. Solo tuve ocasionales inconvenientes en algunos países del sureste asiático, más que nada por la hostilidad con que miraban, muchas veces creo que con razón, a cualquier persona que hablara la lengua de Shakespeare. Claro que tantos años sin más ocupación que el completo disfrute de los cinco sentidos me dejó mucho tiempo disponible, el cual empleé, entre otras cosas, al estudio de idiomas como el ruso, el italiano y el árabe. Durante todo ese tiempo tuve la felicidad de contemplar y fotografiar cientos de paisajes, personas y obras arquitectónicas en cada país. Miles de esculturas, grabados, dibujos y pinturas en museos tales como el Louvre y el Orsay de París, el de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el del Prado en Madrid, el Museo Británico en Londres, el de Arte Moderno en Nueva York, el Museo Nacional en El Cairo, el de Mosul en la ciudad del mismo nombre, y el Museo Iraquí de Historia Natural en Bagdad, fueron contemplados con admiración por mis ojos, que no se cansaban nunca de ver tantas maravillas. Mis continuos viajes por el mundo, realizados sin planificación alguna, sin programas o itinerarios, solamente impulsado por el espontáneo deseo de trasladarme de una punta del planeta a otra, me fueron llevando paulatinamente a prescindir de todo tipo de horarios. No tenía una hora fija para comer o dormir, y menos aun cuando se trataba de viajar. Al quinto año de trasladarme de un sitio a otro, y por la circunstancia de tener aversión a los hoteles, no importaba que tuvieran estos todas las estrellas de la mismísima Vía Láctea, tomé la decisión de alquilar apartamentos en ciudades ubicadas estratégicamente para mis desplazamientos. Cuando llegó el momento de elegir los inmuebles a rentar, no me importó que fueran lujosos; bastaba con que tuvieran las comodidades básicas. Eso sí, era requisito indispensable que estuvieran emplazados en sitios que me permitieran un fácil acceso al aeropuerto más cercano. Es que cuando se apoderaba de mí, la casi enfermiza desesperación de partir hacia un nuevo destino, lo mejor era tener el avión a pocos minutos de la cama. Las ciudades que elegí para rentar mis refugios fueron París, Florencia, Kazán, Tokio, Nueva York y Río de Janeiro. Viajar tan seguido de una parte a otra me obligaba a no llevar conmigo demasiadas cosas. Creo que lo único que nunca me abandonó fue mi manía de ir por el mundo alineando cada cuadro que veía con una leve inclinación hacia uno u otro lado, costumbre que por cierto, en una ocasión me condujo a estar a punto de ir a parar a prisión, cuando llevado al extremo por ese molesta manía, no tuve mejor idea que intentar nivelar un cuadro que me pareció tenía una leve inclinación hacia la izquierda. Pero claro, esa pintura no estaba en el vestíbulo de un hotel, sino en el mismísimo Louvre, maniobra con la cual, no hice más que disparar el sofisticado sistema de alarmas que posee el museo. Varias horas invertí en explicar y convencer a la policía francesa de que todo no era más que una manía. De todos modos, la resolución que adoptaron no fue muy gratificante para mí. No solo me vi obligado a pagar una multa de cinco mil francos, sino lo que fue peor, me prohibieron el acceso a todos los museos de París por un año. A pesar de no estar más de una semana seguida en las ciudades que visitaba, sí permanecía por mucho más tiempo en mis tres predilectas: Río, Kazán y Florencia, aunque lo motivos eran bien distintos. A Río viajaba todos los años para pasar el verano. A mediados de enero me instalaba en un apartamento frente a la playa de Ipanema en donde permanecía hasta principios del mes de marzo. Los motivos de esta elección a nadie parecerán extraños. El clima, las playas, el carnaval y las mujeres cariocas, son de fama en el mundo entero. A esto se le sumaba mi afición por la música brasileña en general, siendo un admirador de gente como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, María Bethania y Gal Costa entre otros. Eso en lo que refiere a los motivos por los cuales había elegido la ciudad de Río. Otra de las ciudades elegidas se encuentra en el centro de la Rusia europea, y los motivos por los cuales fue elegida, son bien distintos a los de la anterior. En la universidad de la capital de la República de Tatarstán, la ciudad de Kazán, situada unos setecientos treinta kilómetros al este de Moscú, en el año 1844, siendo aún un adolescente, iniciaba sus estudios Liev Nikoláievich Tolstói, más conocido como León Tolstoi. Mi madre, cuyo nombre era Ana Karina, fue una gran admiradora de Tolstoi, de quien poseía todos sus libros. Entre ellos, sus preferidos eran “Confesión” y “Ana Karenina”, aunque principalmente este último. Mamá decía que además de agradarle como escritor tenía la vida de Tolstoi algunos puntos de contacto con la suya. - Sé que pueden parecer puras tonterías - decía - pero para empezar, nacimos en la misma fecha, 9 de setiembre; él en 1828 y yo cien años más tarde. Tanto mis padres como los de él eran poseedores de grandes extensiones de tierra, y ambos quedamos huérfanos a la edad de nueve años. Eso sin contar con que me siento bastante identificada con la protagonista de esa novela; además, como te darás cuenta, mi nombre es bastante parecido al suyo, agregaba con esa sonrisa cómplice que sólo puede existir entre una madre y su único hijo de no más de diez años. Sé que puede resultar curioso, pero es ese uno de los pocos recuerdos que guardo de mis conversaciones con mamá, las que por cierto no eran muy asiduas que digamos. En mi primera visita a Kazán, creo que allá por el año 1990, al pararme a observar el escaparate de una librería divisé el volumen de “Ana Karénina”, el cual adquirí inmediatamente. Aún cuando se me hizo bastante dificultosa su lectura, puesto que todavía no había completado mi estudio del idioma, con la ayuda de un diccionario logré terminar de leerlo. Y no me fue muy difícil advertir muchos puntos de similitud entre la vida de la protagonista y la de mi madre. Lo que hasta el día de hoy me pregunto es si, como Ana Karenina, tuvo mi madre alguna relación extra conyugal, aunque no creo que eso sea algo que deba preocuparme, más aun teniendo en cuenta que han pasado veintiún años de aquel accidente ocurrido en 1983, por el cual un 11 de setiembre me vi privado de mis padres. El viernes 9 de setiembre de ese año cumplía mi madre 55 años de edad, y pese a que por ese entonces las relaciones entre mis padres no pasaban por el mejor momento, decidieron festejar por partida doble, puesto que al día siguiente cumplían veintiún años de casados. Un matrimonio como supongo son la grandísima mayoría, con altos y bajos; aunque al parecer, en esos tiempos, todo parecía indicar que las cosas no iban bien entre ellos. Muy temprano en la mañana de ese viernes mi madre me despertó para decirme que a primeras horas de la tarde emprendería junto a mi padre un viaje de fin de semana hacia la ciudad de Porto Alegre, en donde festejarían su aniversario de bodas hospedándose en el mismo hotel que los alojara en su luna de miel en el año 1962. Si bien hacía un par de semanas que habían programado ese viaje, no fue sino hacia la noche anterior que habían resuelto llevarlo a cabo. Apenas hubo abandonado mi habitación salté de la cama para ir en busca de los obsequios que le había comprado. El primero era un disco de vinilo con composiciones de Mozart interpretadas por una filarmónica alemana cuyo nombre no recuerdo; en la cara A contenía entre otras la pieza “Night's aria” - la preferida de mi madre -. El segundo era una peculiar edición rusa del año 1928 del libro “Ana Karénina” de Tolstói, encuadernada en piel de Marta Cibelina, animal que me aseguró el librero, era muy apreciado por los peleteros. El último era una tosca pero bellísima reproducción de la Torre de Pisa, lugar al cual Mamá hace años planificaba viajar, aunque por motivos de trabajo siempre terminaba postergando. Dejé los presentes sobre su cama y luego de desayunar salí de casa, para encaminarme hacia la Facultad de Bellas Artes, lugar en el cual tomaba un curso de fotografía. Sobre el mediodía regresé presuroso deseando saber que le habían parecido los obsequios. Para mi desconcierto fui avisado por Mercedes - la señora que se encargaba de las tareas domésticas - que mis padres ya se habían marchado debido a un cambio en el horario de vuelo, pero que mi madre me había dejado una nota. - Leo: Muchas gracias por los obsequios. Son hermosos. Me llevo conmigo la torre. He hablado con tu padre y hemos acordado viajar a Italia a principios del siguiente año. Así que por favor no hagas planes para enero. El disco lo he dejado ahí. Como comprenderás no me será muy fácil conseguir un tocadiscos donde poder escucharlo con la tranquilidad que desearía. El libro es muy bonito, aunque como obviamente no entiendo una palabra de ruso, la única forma en que se me ocurre podría disfrutarlo es que alguien lo lea para mí. Quien sabe. Tal vez un día puedas aprender el idioma y quieras leérmelo. Un beso. Mamá. Cuando leí su nota no imaginaba que ya no les volvería a ver con vida. A escasos minutos de las cinco de la tarde del domingo 11, la avioneta de alquiler en la que regresaban desde Porto Alegre, se precipitó a tierra casi sobre las vías del tren, a poco menos de cinco kilómetros del pueblito Ramón Saravia, enclavado casi en el límite de los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres. La exacta ubicación en donde se encontraron los restos de la avioneta fue en la conjunción de los 55 grados de longitud oeste y los 33 grados de latitud sur; la única persona que fue testigo de la caída del aparato fue doña Clara Olimar de Gutiérrez, una anciana que 55 años atrás había sido la partera en un alumbramiento que se produjo en el pueblo Ramón Saravia, en aquel entonces apenas un paraje. El bebé recién nacido fue inscripto algunos días después con el nombre de Ana Karina Saravia, mi madre. Así que al final mi padre tenía razón. Un montón de estúpidos números leídos en forma de edades, fechas, horas y grados, coincidieron en la fatalidad de un accidente. Desde el pequeño balcón de mi apartamento en el quinto piso de un edificio ubicado a poco más de trescientos metros de la ribera izquierda del río Arno, se podían divisar perfectamente el mármol rojizo de la Catedral gótica de Santa María dei Fiori y el Baptisterio de San Giovanni. Era por ese entonces la ciudad de Florencia la que más asiduamente frecuentaba, y en la cual actualmente resido. Existe en Florencia todo lo que puede pedir un aficionado del arte. Obras de Rafael y Tintoretto en el Palazzo Pitti; el David en la Academia de Bellas Artes; la iglesia de la Santa Croce, donde reposan los restos de Miguel Ángel; la galería dedicada a pintores italianos, flamencos y franceses en el Palazzo degli Uffizi, y las estatuas de bronce de la Piazza della Signoria, entre las cuales destacan “Perseo” de Benvenuto y “El rapto de las Sabinas” de Juan de Bolonia; aunque la principal causa por la que elegí la ciudad de Florencia, fue su cercanía con Pisa. Apenas aterrizaba mi avión en el aeropuerto Florencia – Peretola, cogía un taxímetro; siempre pedía al chofer de turno que hiciera el mismo trayecto: recorría por la ruta A 11 los cuatro kilómetros que separan al aeropuerto del cruce con la A 1, luego por esta tomaba a la izquierda y nos trasladábamos unos ocho kilómetros hasta llegar a la ruta SS 67, por la cual luego de unos setenta kilómetros llegaba a la ciudad de Pisa, que allá por mediados de mil novecientos ochenta y cuatro - en ocasión de mi primera visita - no tenía más de ochenta mil habitantes. El único motivo de mis constantes visitas a Pisa, era concurrir a la Piazza del Duomo en donde se erige la famosa torre que tanto ansiaba visitar mi madre. Solía pasarme allí tardes enteras contemplando “el Campanile” de cincuenta y cinco metros de altura y dieciséis de diámetro. ¡Qué curioso! Otra vez acudían a mi memoria las palabras de mi padre cuando decía que todos los hechos de nuestra vida estaban signados por los números; los metros de altitud de la torre coincidían con la edad que tenía mi madre en el momento de su muerte. En mi recuerdo, hasta su esbelta figura de piel blanquecina se asemejaba un poco a la torre inclinada. Inclinada. Demasiada inclinación para mi gusto. Una inclinación que hasta parecía sugerir que en cualquier momento se iría a tierra; de la misma manera en que veinte años atrás, un once de setiembre, se fue a tierra el avión en que viajaba. En determinado momento comencé a odiar aquella torre. De la misma forma en que mi odio crecía aumentaba la frecuencia de mis viajes a la ciudad. Por las noches despertaba bañado en sudor, víctima de atroces pesadillas. En unas veía el cadáver de mi madre sosteniendo en su mano izquierda la réplica que de la torre que le había regalado. En otras era un horrorizado e impotente espectador del súbito derrumbe de la torre, en cuya cúspide veía, aferrada a la baranda, a mi madre. Todo eso comenzó a trastornarme severamente. Hice a un lado mi hábito de frecuentar galerías y museos. Renté un cuarto en un hotel de la ciudad, y todos los días de la semana me dirigía hacia la Piazza del Duomo. Mi antigua obsesión de corregir la inclinación de los cuadros mutó severamente. Ahora se trataba de corregir la inclinación de la torre. Me devanaba los sesos buscando la manera de evitar lo inevitable: que la torre se fuera al suelo. Investigué en las bibliotecas acerca de la construcción de la torre; consulté varios libros de restauración de obras de arte; incluso llegué a adquirir herramientas y materiales de construcción con el firme propósito de evitar lo inminente: el derrumbe de la torre. Eso es todo lo que ahora recuerdo de esos tiempos… Hace un par de meses comencé a pintar las paredes de mi habitación, con lo cual pude así descubrir que ninguna sensación es comparable a esa. Pintar produce en mí un sentimiento de libertad que lamento decir hace muchos años no sentía. El tiempo pareciera detenerse por unos instantes, es como si se transformara en una imagen congelada, una fotografía que retrata el instante eterno. Esa eternidad en la cual confluyen pasado, presente y futuro. Sin esa noción de tiempo, sin ese dejo de opresión con que el lento pasar de las horas atormenta mi alma, me siento libre. La paleta me ofrece una amplia variedad de colores destinados a pintar mi libertad, y mi mano no da un instante de descanso al pincel, que viborea, gira, se arrastra, salta de una pared a otra, inquieto, como presintiendo el goce que producirá en mí, el resultado final de sus desplazamientos. A mi izquierda he pintado la inmensidad de un mar casi confundido con el cielo azul, el sol brillando a pleno, calentando la arena de la playa que espera la refrescante visita de las olas. A mi derecha una extensa llanura poblada de árboles, arbustos y flores de todos los colores, cercada al fondo por una cadena de montañas coronada de grises nubes que la envuelven. A mi frente, un largo sendero serpentea hasta perderse entre las rocas de un paraje desolado, que se va transformando hasta convertirse en un desierto. Al voltear la cabeza veo la más real y cruel de las pinturas. Incrustados a la pared, los barrotes de la celda son el fiel recuerdo de que aún me restan tres años de condena para salir de prisión.-
JAVIER Canelones, Uruguay
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