Narrativa: El extraño hombre
Enviado el Miércoles, 03 febrero a las 17:16:05 por Redactor |
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Con el paso lento de quien no tiene prisa alguna por no dirigirse a ningún sitio, o carece de apuro en llegar al lugar al cual no sabe si llegará, o no termina de decidir alejarse del lugar de donde viene (salvo que continuamente estamos dejando atrás algo o alguien), lo vi aproximarse. A una distancia de veinte metros me pareció un hombre de tipo bastante común, pero según fue aproximándose, fui cambiando lentamente de parecer, tan lentamente como el paso que llevaba. Lo primero que distinguí fue una ligera cojera en su pierna derecha, aunque creo que cualquier observador desprevenido no la hubiera notado. Su ropa mucho me llamó la atención, pues teniendo en cuenta que estábamos a finales de la primavera y un calor pesado y húmedo se hacía sentir desde hacía algunos días, llevaba una larga gabardina de color gris oscuro y un sombrero negro de anchas alas que no era suficiente para ocultar un canoso mechón de cabello. Unos pasos más me fueron suficientes para ver el pequeño paquete de color rojo que cargaba en la mano izquierda y el humo que desprendía la colilla del cigarrillo que sostenía entre los dedos de su otra mano. En ese momento mi pensamiento dejó de prestar atención a la figura del hombre que se aproximaba. Fueron unos pocos segundos, pero bastaron para preguntarme acerca de cuál sería mi apariencia en el futuro, y si me vería tan extraño como el extraño hombre que se acercaba, el cual concluí tendría una edad de entre sesenta y sesenta y cinco años. Para cuando volví a reparar en la figura del hombre nos separaba una distancia de cuatro o cinco metros, y a juzgar por el deterioro de su rostro, y, sobre todo, por la expresión cansada de su mirada, pensé que bien podría tener alrededor de ochenta años. Sólo cuando estuvimos frente a frente fue que reparé en la torcida mueca, mitad resignación, mitad ironía, que el pobre viejo lucía en su rostro. En ese momento me aparté levemente de la dirección que llevaba, y, esquivando el espejo, empujé con esfuerzo la puerta y entré en la farmacia.-
Javier Canelones, Uruguay
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